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mente enseñar, i no les permite procurarse los medios necesarios, sobre todo, instrumentos i aparatos. El remedio a estos males puede solo aplicarlo la comunidad; i a ella recomendamos con encarecimiento este asunto. Ninguno toca mas de cerca a los deberes o intereses sociales; ninguno mas digno de promoverse por todos los órganos de comunicacion. La prensa de un pueblo intelijente que bace tan rápidos progresos debe considerarse empeñada en tan noble causa.

(Araucano, Año de 18í3.)

DISCURSO

PRONUNCIADO EN LA INSTALACION DE LA UNIVERSIDAD DE CHILE EL DIA 17 DE SETIEMBRE DE 1813

Excmo. Su. Patrono De La Universidad:
Señoiies:

El consejo do la universidad me ha encargado expresar a nombro del cuerpo nuestro profundo reconocimiento, por las distinciones i la confianza con que el supremo gobierno se ha dignado honrarnos. Debo tambien hacerme el intérprete del reconocimiento de la universidad por la expresion de benevolencia en que el señor ministro de instruccion pública se ha servido aludir a sus miembros. En cuanto a mí, sé demasiado que esas distinciones i esa confianza las debo mucho menos a mis aptitudes i fuerzas, que a mi antiguo celo (esta es la sola cualidad que puedo atribuirme sin presuncion), a mi.antiguo celo por la difusion de las luces i de los sanos principios, i a la dedicacion laboriosa con que he seguido algunos ramos de estudio, no interrumpidos en ninguna época do mi vida, no dejados de la mano en medio de graves tareas. Sien to el peso de esta confianza; conozco la extension de las obligaciones que impone; comprendo la magnitud de los esfuerzos que exijo. Responsabilidad es esta, que abrumaría, si recayese sobre un solo individuo, una intelijencía do otro orden, i mucho mejor preparada que ha podido estarlo la mia. Pero me alienta la cooperacion de mis distinguidos colegas en el consejo i el cuerpo todo de la universidad. La lei (afortunadamente para mí} ha querido que la direccion de los estudios fuese la obra comun del cuerpo. Con la asistencia del consejo, con la actividad ilustrada i patriótica de las diferentes facultades; bajo los auspicios del gobierno, bajo la influencia de la libertad, espíritu vital de las instituciones chilenas, me es licito esperar que el caudal precioso de ciencia i talento, de que ya está en posesion la universidad, se aumentará, se difundirá velozmente, en beneficio de la relijion, de la moral, de la libertad misma, i do los intereses materiales.

La universidad, señores, no sería digna de ocupar un lugar en nuestras instituciones sociales, si (como murmuran algunos ecos oscuros de declamaciones antiguas) el cultivo de las ciencias i de las letras pudiese mirarse como peligroso bajo un punto da vista moral, o bajo un punto de vista político. La moral (que yo no separo de la relijion) es la vida misma de la sociedad; la libertad es el estímulo que da un vigor sano i una actividad fecunda a las instituciones sociales. Lo que enturbie la pureza de la moral, lo que trabe el arreglado, pero libre desarrollo de las facultades individuales i colectivas de la humanidad—i digo mas—lo que las ejercite infructuosamente, no debe un gobierno sabio incorporarlo en la organizacion del estado. Pero en este siglo, en Chile, en esta reunion, que yo miro como un homenaje solemne a la importancia de la cultura intelectual; en esta reunion, que, por una coincidencia significativa, es la primera de las pompas que saludan al dia glorioso de la patria, al aniversario de la libertad chilena, yo no me creo llamado a defender las ciencias i las letras contra los paralojismos del elocuente filósofo de Jinchra, ni contra los recelos de espíritus asustadizos, que con los ojos fijos en los escollos que han hecho zozobrar al navegante presuntuoso, no querrian que la razon desplegase jamas las velas, i de buena gana la condenarían a una inercia eterna, mas perniciosa que el abuso de las luces a las causas mismas por que abogan. No para refutar lo que ha sido mil veces refutado, sino para manifestar la correspondencia que existe entre los sentimientos que acaba de expresar el señor ministro do instruccion pública i los que animan a la universidad, se me permitirá que añada a las de su señoría algunas ideas jenerales sobre la influencia moral i política do las ciencias i de las letras, sobre el ministerio de los cuerpos literarios, i sobre los trabajos especiales a que me parecen destinadas nuestras facultades universitarias en el estado presente do la nacion cbilena.

Lo sabeis, señores: todas las verdades so tocan, desde las que formulan el rumbo de los mundos en el piélago del espacio; desdo las que determinan las ajencias maravillosas deque dependen el movimiento i la vida en el universo de la materia; desde las que resumen la estructura del animal, de la planta, de la masa inorgánica que pisamos; desde las que revelan los fenómenos íntimos del alma en el teatro misterioso de la conciencia, hasta las que expresan las acciones i reacciones do las fuerzas políticas; hasta las pie sientan las bases inconmovibles de la moral; hasta las que d terminan las condiciones precisas para el desenvolvimiento do los jérmenes industriales; hasta las que dirijen i fecundan las artes. Los adelantamientos en todas líneas se llaman unos a otros, se eslabonan, se empujan. I cuando digo los ndolanlamientos en todas líneas, comprendo sin duda los mas importantes a la dicha del jénero humano, los adelantamientos en el orden moral i político. ¿A qué se debe esto progreso de civilizacion, esta ansia de mejoras sociales, esta sed de libertad? Si queremos saberlo, comparemos a la Europa i a nuestra afortunada América, con los sombríos imperios del Asia, en que el despotismo hace pesar su cetro de hierro sobre cuellos encorvados de antemano por la ignorancia, o con las hordas africanas, en que el hombro, apenas superior a los brutos, es, como ellos, un artículo de tráfico para sus propios hermanos. ¿Quién prendió en la Europa esclavizada las primeras centellas de libertad civil? ¿No fueron las letras? ¿No fué la herencia intelectual de Grecia i Roma, reclamada, despues de una larga época de oscuridad, por el espíritu humano? Allí, allí tuvo principio este vasto movimiento político, que ha restituido sus títulos de injenuidad a tantas razas esclavas; este movimiento, que ss propaga en todos sentidos, opísc ?,9

acelerado continuamente por la prensa i por las letras; cuyas ondulaciones, aquí rápidas, allá lentas, en todas partes necesarias, fatales, allanarán por (in cuantas barreras so les opongan, i cubrirán la superficie del globo. Todas las verdades se tocan; i yo extiendo esta asercion al dogma relijioso, a la verdad tcolójica. Calumnian, no sé si diga a la relijion o a las letras, los que imajinan que pueda haber una antipatía seereta entre aquélla i éstas. Yo ereo, por el contrario, que existe, que no puede ménos de existir, una alianza estrecha, entre la revelacion positiva i esa otra revelacion universal que habla a todos los hombres en el libro de la naturaleza. Si entendimientos extraviados han abusado do sus conocimientos para impugnar el dogma, ¿qué prueba esto, sino la condicion de las cosas humanas? Si la razon humana es débil, si tropieza i cae, tanto mas necesario es suministrarle alimentos sustanciosos i apoyos sólidos. Porque extinguir esta curiosidad, esta noble osadia del entendimiento, que le hace arrostrar los arcanos de la naturaleza, los enigmas del porvenir, no es posible, sin hacerlo, al mismo tiempo, incapaz de todo lo grande, insensible a todo lo que es bello, jeneroso, sublime, santo; sin emponzoñar las fuentes de la moral; sin afear i envilecer la relijion misma. He dicho que todas las verdades se tocan, i aun no ereo haber dicho bastante. Todas las facultades humanas forman un sistema, en que no puede haber regularidad i armonía sin el concurso de cada una. No se puede paralizar una fibra (permítaseme decirlo así), una sola fibra del alma, sin que todas las otras enfermen.

Las ciencias i las letras, fuera de este valor social, fuera de esta importancia que podemos llamar instrumental, fuera del barniz de amenidad i elegancia que dan a las sociedades humanas, i que debemos contar tambien entre sus beneficios, tienen un mérito suyo, intrínseco, en cuanto aumentan los placeres i goces del individuo que las cultiva i las ama; placeres exquisitos, a que no llega el delirio de los sentidos; goces puros, en que el alma no se dice a sí misma:

Medio de fon le leporun

surgit amarj aliquid, ijuod in ipsis floribus angit. [Lucrecio.)

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