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De las tres especies de rima que han estado en uso en las lenguas de Europa, la aliteratíva, la asonante i la consonante, la primera mo parece que debe ser la ménes agradable, segun la observacion justísima de Ciceron, uololur m&xhne similitudo in conquiescendo. De las otras dos, la consonante es preferible para las rimas pareadas, cruzadas, o de cualquier otro modo mezcladas; pero la asonante es, no solo la mas a propósito, sino la única que puede oírse con gusto en largas estancias, o composiciones enteras monorrímicas. El consonante es igualmente perceptible i agradable en todas las lenguas; pero, así como la aliteracion es mas acomodada para los dialectos jermánicos en que dominan las articulaciones, así el asonante so halla mejor con aquellos otros idiomas, que, como el castellano, abundan de vocales llenas i sonoras.

Una ventaja, si no me engaño, lleva el asonante a las otras especies de rima, es a saber, que, sin caer en el inconveniente del fastidio i monotonía, produce el efecto de dar ala composicion cierto aire i colorido particular, segun la asonancia que se emplea, lo que talvez proviene de que cada vocal tiene cierto carácter que le es propio, demasiado débil para percibirse desde luego, pero que con la repeticion toma cuerpo i se hace sensible. Segun la impresion que dejan en mí los varios asonantes, creería que algunos de ellos se adaptan mejor que otros a ciertos afectos-, por ejemplo, las vocales llenas a, o me parecen convenir mejor a los asuntos graves i magníficos;* la i, por el contrario, a lo patético i a la elejía. Sin embargo, es muí fácil que este o aquel sonido hable de un modo particular al espíritu de un individuo, en virtud de asociaciones casuales, i por consiguiente erróneas.

Lo que sí creo cícrtisimo es que, cuanto mas difíciles los asonantes, otro tanto son mas agradables en sí, prescindiendo de la

* Fastum ct ingenitam hispanorum gravitatem, horum quoque inese sermoni facile quis deprehendet, si quis crebram ropetitionem litera) A, vocalium longe maní ficen tissiuire, spectet.... Sed ct crebra finalis clausula in o vel os grande quid sonat. Isaac Vossius, De poemalum canlu et viribus rhythmi.

conexion que puedan tener con las ideas o afectos; ya sea que el placer producido en nosotros por cualquiera especie de metro o de ritmo, so proporcione en parte a la dificultad vencida; o que el oído se pague mas de aquellos finales que le son menos familiares sin serle del todo peregrinos; o sea finalmente que la repeticion de estos mismos finales corrija i tempere la superabundancia de otros en la lengua.

Nuestros poetas modernos no han sacado quizá todo el partido que pudieran de estos diferentes colores i caracteres de la asonancia, para dar a sus obras el atractivo de la variedad; i me parece que en el uso de ella so han impuesto leyes demasiado severas, i que en realidad perjudican a la armonía. Que se guarde un mismo asonante en los romances líricos, letrillas i otras breves composiciones está fundado en razon; pero no comprendo por qué motivo se haya el poeta de sujetar a uno solo en todo un canto do un poema épico, aunque conste de mil o mas versos, sin que pueda alosarse en favor de esta práctica ni el placer del oído, a quien, íojos de agradar, atormenta el martilleo de una desinencia tantas veces repetida, ni el mérito de la dificultad, habiéndola sin comparacion mayor con la variedad de la asonancia, que en seguir indefinidamente una sola, apelando a ciertas terminaciones inagotables, como lo hace por necesidad, dejando las menos abundantes, que son sin duda las mas gratas.

Ya que se ha querido añadir a las tres unidades del drama la del metro (que no preseriben Aristóteles ni Horacio, ni es conforme a la práctica de los antiguos* dramáticos castellanos),

* t'/n comcedia maximé clnudicamus, licet Terentii seripta ad Scipionem Africanum referantur; quse tamen in hoc genere sunt elegantissima, et plus ad/i ve hnbitura gralioe, si intra versus trímetros stetissent. Quintiliano, Institulio Oratoria X, I. Mirificum sane magni rhetorici judicium. Optabat scilicet ut fabukc Terentiana?, quae in primo cujusque aetu ac secna a trimetris inchoantur, eodem metro ac tenore peromnes actus scenasque decucurrissent. Crederes profecto hominem nunquam scenam vidisso, nunquam comoedum partes suas agentera spectavisse. Quid voluit? Quod nec Menander, nec ullus grcecoruin íecit, Terentius ut faceret? ut ira, metus, exultatio. pudiera a lo monos habérsele dejado la variedad do rimas, que tanto deleita en las comedias de Lope de Vega i Calderon. ¿Por qué no se ha de diferenciar el asonante a lo ménos en las diferentes escenas? ¿Por qué no se han de realzar do este modo los lances, las impresiones, las inesperadas transiciones de un afecto a otro; ya que no variando de metro, como lo hicieron todos los trájicos i cómicos, griegos i latinos, a lo ménos variando la rima?

Esta nueva unidad ha contribuido a la languidez, pobreza i falta do armonía, que con pocas excepciones caracterizan el teatro español moderno. Ella da a la versificacion una monotonía soporosa, obligando al poeta a renunciar las asonancias mas agradables, que son, como lo hemos observado, las mas difíciles.

dolor, gaudium, ct quieta; ros et turbatie, eodem metro lente agerentur? Ut tibicen paribus tonis perpetuoque cantico spcctantuni aures vel dclaflaret vel offenderet? Tantum abest ut eo pacto plua gratín; habitura esset fabula ut quantumvis bene morata, quantumvis bolle seripta, gratiam prorsua omnem perdidisset. Id primi artis inventores pulere videbant; delectabant erjro varietatc ipsa, diversaquo T<Hrj x' «O») diverso carmine repra;sentabant. Rentley, S/:5a;iia.

ROMANCES DEL CICLO CARLOVINJIO

Los mas antiguos poemas narrativos do que los troveros nos han dejado muestras, o al menos noticias, so compusieron en alabanza de Carlomagno, i do los principales magnates do su corte; pero sucedió lo que era de esperar en obras, cuyos autores se propusieron por principal objeto entretener a sus oyentes. Las proezas de aquellos guerreros se abultaron de unos en otros romances. Sus tradiciones se plagaron de milagros i encantamientos. Los hechos de unos se atribuyeron a otros por equivocaciones a que dio lugar la semejanza de nombres o de alguna circunstancia notable. De esta mezcla de errores históricos e invenciones poéticas, resultó aquel mundo mitolójico de reyes i caballeros, emires i j¡gantes, desafíos i batallas, que existia ya a fines del siglo XI, segun parece por la Crónica del pseudo Turpin* en que se refundieron algunas de las tradiciones i leyendas populares, que entóneos corrían.

Si el objeto con que se escribió la Crónica, no fué otro, como lo manifiesta ella misma, que promover las miras de engrandecimiento de un prelado de España, es evidente que el autor no sacó de su cabeza todos los hechos que refiere. Lo que se

* Mucho se ha escrito sobre Turpin i su Crónica. De las investigaciones que hice sobro esto asunto durante mi residencia en Europa, resulta probarse hasta la evidencia quo la Crónica se compuso en Galicia por los años do 1092, i quo su autor no fué español sino frances. Por una notable coincidencia de indicios se colijo que la escribió Dalmacio, monje benedictino frances, i obispo de Iria. No puedo exhibir ahora los fundamentos quo me asisten para pensar así, porque ocuparían demasiado espacio. Me propongo someterlos en breve al examen de los intelijentes.

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