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tiéndolos al imperio de una verdad mas comprensiva.

Todos los filósofos que han merecido este nombre, han tenido un sistema; porque el filósofo no es solo el secretario de los progresos, el anotador de las operaciones ajenas, sino principalmente, i sobre todo, el hombre inspirado, que, encarnando en sí mismo, bajola forma mas jeneral i mas elevada, las necesidades de la humanidad, segun él las concibe en cada tiempo, busca el sentido de este eterno enigma, cuya solucion progresiva se crea i se fija de siglo en siglo por el trabajo de la humanidad; pues aunque la verdad es desnuda, absoluta, i siempre idéntica consigo misma, el espíritu limitado del hombre no puede percibirla sino de un modo imperfecto i relativo, que varía segun las épocas, i segun el desarrollo de la vida colectiva de nuestra especie. Por entre el desorden aparente de los sistemas, como por entre las peripecias confusas de la historia, el jénero humano camina sin cesar hacia una intelijencia mas clara i una práctica mas completa de su verdadero destino. El sentimiento que tiene de su vida propia, enjendra en cada época fórmulas nuevas, como enjendra formas políticas, que rompe i renuova en cada escala de su vasta jornada. Así no sería mayor insensatez el dejarse llevar al escepticismo, a vista de todos esos sistemas, de cuyos fragmentos está sembrada la ruta de la humanidad, que el creer que la humanidad puede vivir sin un sistema, sin creencias relativas a ella misma, sin una solucion cualquiera del problema, o que esta solucion se haya dado ya definitivamente, o se halle esparcida en los libros, i no reste otra cosa que irla a buscar i recojer en ellos.

Así en todas las épocas, los filósofos (que no deben separarse de los hombres relijiosos) no se han cenido a comentar lo pasado; antes bien han manifestado lo presente. Ya preparan i fundan relijiones; ya, como los padres de la iglesia, las comentan i desenvuelven; ya, como los Descartes i Leibniz, exploran, bajo la éjida del dogma, un campo que ha quedado libre i neutral. El escéptico mismo duda en nombre de una creencia virtual; duda sobre algo i contra algo; su duda tiene un sentido, una direccion, una base; i es en cierto modo una afirmacion. Los filósofos que se pudieran designar bajo el nombre de pensadores libres, aunque no tengan siempre la conciencia de ta direccion de sus pensamientos, tienen a lo ménos sobre algunos puntos aislados doctrinas propias, por las cuales se han hecho dignos del honroso título de filósofos, i pertenecen a una familia cualquiera de pensadores. Todos ellos, ademas, lian pretendido traer al mundo algo nuevo; i hasta ahora, a nadie habia ocurrido pensar que la filosofía fuese ya una obra finalizada, i que no restase mas que el trabajo de recojer a derecha e izquierda sus pedazos dispersos. Pero, dado caso que la obra de la filosofía estuviese concluida, ¿bajo qué caractéres reconoceremos lo que hai de verdadero i de falso en los varios sistemas que en todos tiempos han repartido entre sí el dominio de los espíritus? ¿Cómo distinguiremos el trigo de la cizaña? ¿A qué medida comun reduciremos las doctrinas contradictorias? Para escojer, es necesaria siempre una razon, un motivo de preferencia; para conciliar dos términos opuestos, es preciso un tercer término que comprenda a los dos en lo que tengan de esencial, es decir, que cuando fuese tan cierto, como en realidad es absurdo, que la filosofía está hecha, i que solo se trata de recojer i reunir sus oráculos esparcidos en los libros de las varias escuelas, siempre sería necesario un sistema para elejir i conciliar. Habia, pues, bastanle razon para decir que el eclectisino sistemático era contrario a la idea misma de la filosofía.

No seguiremos a M. Leroux en el examen de las numerosas contradicciones qüe señala en las obras de M. Cousin, i que explica bastante bien por la sucesiva influencia que han ejercido sobre M. Cousin los diferentes maestros cuyas banderas'ha seguido, como Laromiguiére, Royer-Collard, Pichte, Kant, Schelling, Hegel; contradicciones por otra parte nada extrañas en un espíritu que, no apoyándose en ningun sentimiento propio, solo puede reflejar i no combinar las soluciones diversas de los problemas filosóficos. Solo nos detendremos un momento en la refutacion que hace M. Leroux del método psicolójico de Cousin, llevado aun mas adelante por M. Jouffroy.

M. Cousin, en el acto mismo de declarar que la filosofía estaba concluida, i el eclectismo era el único método razonable, incurrió en una inconsecuencia bastante natural en un espíritu tan activo como el suyo, i quiso innovar a su vez. El método psicolójico fué el fruto de esta noble ambicion. Fijémonos, pues, en este método, que M. Cousin considera como su título mas sólido a los ojos de la posteridad.

Hasta aquí todos los filósofos, comenzando por Bacon, padre de la filosofía experimental, habían creído que la observacion directa no era aplicable a los fenómenos de la intelijencia/ i que el espíritu humano no podia cono

* El método psicolójico ha sido siempre conocido en la filosofía, ni puede haber filosofía sin él. Locko, Berkeley, Reid, Dusrald Stewart, miraron las percepciones de la conciencia como fuento de todos los conocimientos que el alma puede tener de sí misma. (Nota (ie Bello.) cerse a sí mismo, sino volviendo sobre sus operaciones
anteriores.* Aunque todos los filósofos han reconocido
esta verdad, Cousin afirma que la filosofía no se distin-
gue de la física sino por la naturaleza de los fenómenos
que una i otra observan. De aquí dedujo M. Leroux,
que Cousin no habia comprendido jamas qué cosa era la
filosofía; porque, como el alma humana es una fuerza
animada, activa, dotada de sentimiento, no se trata solo
de observarla como un fenómeno bruto, sino de desen-
volverla en todas sus direcciones." Pava observar el

está pasando en nosotros;' i si dejamos de estarlo, ya no podemos observar en nosotros el fenómeno."

¿No es verdad, dice Jouffroy, que veis el mundo exterior con vuestros ojos, con vuestros sentidos? Pues del mismo modo percibis con vuestra conciencia lo que pasa en vosotros. Hai psicolójicamente dos naturalezas: la del físico i la del psicólogo. El físico observa con sus ojos i sus instrumentos; el psicólogo tiene una especie de ojo i de microscopio que se llama conciencia, i que él dirije.

—¿A qué objeto? preguntaremos a M. Jouffroy. —A su propio sér.

—¿Con que el yo por medio de la conciencia conoce el yo? —Seguramente.

—Pero donde no hai mas que el yo observador, i el yo observado, no hai mas que el yo. ¿Qué será, pues, la conciencia? Seguramente no puede ser otra cosa que el mismo yo.

—Sin duda.

—Con que lo que viene a decirnos M. Jouffroy es que el yo, por medio del yo, conoce al yo;*** o variando los términos, que la conciencia, por medio de la conciencia, conoce a la conciencia.**** El método psicolójico nos

* ¿Por qué nó? ¿Cómo habrian descrito los poetas i los moralistas los efectos de la ira, i de las otras pasiones en el alma, si no los hubiesen observado en sí mismos? (Nota de Bello.)

** ¿Por qué nó? ¿No sobreviven a las afecciones orijinales del alma sus recuerdos, i no puede el alma observarlas en olios? (Nota de Bello.)

*** I nada puede ser mas cierto que esta proposicion de Jouffroy; que, por otra parte, no es una verdad nueva, sino antiquísima en-la filosofía. (iVoía de Bello.)

**** Sofisma. La conciencia es «1 alma obrando do cierto modo par

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